"...LA GRAN PENA DEL MUNDO"

Se cree que en este lugar estuvo la casa donde vivieron Pepe y don Mariano. |
Tracatraca, tracatraca, tracatraca...
Un tren, que ahora nos parecería el abuelo de todos los trenes, rueda por las vías. El tren de La Habana empieza a entrar en tierras de Matanzas.
Dentro va un hombre serio, pero de corazón de miel. Junto a él está sentado su hijo mayor, de nueve años, que mira por la ventanilla ríos, lomas cañaverales, árboles, palmares... El niño abre mucho los ojos para ver tanta maravilla que nunca antes ha visto. El niño se llama José Julián Martí Pérez, pero toda la familia le llama Pepe.
El tren siguió rumbo a su última estación. Desde allí, don Mariano Martí Navarro y su hijo, continuaron viaje a caballo hasta llegar a un pequeño pueblo que se llamaba y se llama Caimito del Hanábana. (1) Allí le habían dado trabajo al padre de Pepe.
Pepe iba porque a su papá no le gustaba separarse de él y también como tenía tan buena letra podía ayudarlo en el trabajo.
En ese lugar pasó casi un año y nunca lo olvidó, por todo lo que vivió.
Aprendió a montar a caballo y daba paseos por las fincas de los alrededores, conoció a los negros que traían de África para convertirlos en esclavos.
Niños esclavos fueron sus mejores amigos y compañeros de juego. El viejo Tomás, fue como su héroe más querido. Le contaba cuentos de su lejana África y le cantaba y silvaba.
Pepe sufría viendo cómo obligaban a trabajar a latigazos a aquellas personas; y cómo le ponían cadenas... Una vez vio a un negro que se había ahorcado porque no quiso seguir siendo esclavo. Pepe comenzó a sentir lo que muchos años después escribió:
“Yo sé de un pesar profundo
Entre las penas sin nombre:
¡La esclavitud de los hombres
Es la gran pena del mundo!”
Luego, a los 17 años, fue encadenado porque ya estaba luchando por la libertad de Cuba. Y aquellas cadenas le hicieron una herida que nunca se la pudieron curar.
Lee ahora algo de la carta que a los nueve años le escribió a su mamá (es el primer escrito que tenemos de él). Lee después los versos que hizo, recordando los meses en que había sido tan feliz en los campos de Cuba; y en los que también sufrió con el dolor de sus amigos esclavos.
CARTA DE PEPE MARTÍ A SU MAMÁ (Fragmentos)
“Hanábana, octubre 23 de 1862
Estimada mamá: Deseo antes de todo que Vd. esté buena, lo mismo que las niñas, Joaquina, Luisa y mamá Joaquina (...)
Ya todo mi cuidado se pone en cuidar mucho mi caballo y engordarlo como un puerco cebón, ahora lo estoy enseñando a caminar enfrenado para que marche bonito, todas las tardes lo monto y paseo en él, cada día cría más bríos. Todavía tengo otra cosa en qué entretenerme y pasar el tiempo, la cosa que le digo es un “Gallo fino” que me ha regalado Dn. Lucas de Sotolongo, es muy bonito (...)
Tanto el río que cruza por la “finca” de Dn. Jaime, como el de la “Sabanilla”... estaban el sábado sumamente crecidos, llegó el de acá a la cerca de Dn. Domingo, pero ya han bajado mucho.
Y no teniéndole otra cosa que decirle déle expresiones a mamá Joaquina, Joaquina y a Luisa y las niñas y a Pilar dele un besito y Vd. reciba de su obediente hijo que la quiere con delirio.”
DE LOS VERSOS SENCILLOS (Fragmento)
El viento, fiero, quebraba
los almácigos copudos;
andaba la hilera, andaba,
de los esclavos desnudos.
El temporal sacudía
los barracones henchidos:
una madre con su cría
pasaba, dando alaridos.
Rojo como en el desierto,
salió el Sol al horizonte:
y alumbró a un esclavo muerto
colgado a un seibo del monte.
Un niño lo vio: tembló
de pasión por los que gimen:
¡Y, al pie del muerto, juró
lavar con su vida el crimen!
(1) El pueblecito estaba y está junto al río Hanábana, cerca de Amarillas. Búscalo en un mapa por la Ciénaga de Zapata y la Bahía de Cochinos. |