El hombre de La Edad de Oro.
 
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EL RETRATO DE MARTÍ

Pintura de Martí escribiendo.

Allá, en lo más alto de la Tierra, casi en el Polo Norte, está la Península Escandinava, en la que se encuentran tres países: noruega, que da al Océano Atlántico; Finlandia junto a Rusia y, entre Finlandia y Noruega, Suecia.
En este país frío, de nieve, montañas y abedules,1 en que el Sol no se regala, como en nuestra isla , y en un pueblo llamado Tranas, de la región de Smolandia, nació, el 5 de agosto de 1864 -hace 138 años- Herman Norrman.
Parecería que nada tendría que ver su vida con nuestra Patria, tan lejana de la suya. No fue así. Él está en nuestra historia más querida: él pintó el único retrato que tenemos de José Martí, para lo cual tuvo delante a Martí mientras lo pintaba.
Esto ocurrió en la oficina de Martí, en Nueva York, en los tiempos en que trabajaba en la organización de la Guerra Necesaria.
Algunos que conocieron el lugar nos han dejado escrito que estaba en el 4to. piso de 120 Front Street.2 Que allí se llegaba por una larga y estrecha escalera; que la habitación tenía buena parte de sus paredes con estantes llenos de libros; que también había dos o tres cuadros, regalados por pintores amigos de Martí; que en un sitio escogido estaban los grilletes con los que habían encadenado los colonialistas españoles a Martí, cuando, casi un niño, lo encarcelaron; que Martí escribía en una mesa, sobre la cual tenía un tintero, plumas, papeles; que la mesa-escritorio parece que estaba pegada a una pared en la cual colgaba un cuadro con el retrato que le había hecho el sueco Herman Norrman.
Esto es más o menos lo que nos dejaron escrito; pero cuanto podemos ver hoy de aquel lugar de trabajo de nuestro Héroe Nacional, está también en el cuadro de Norrman.
¿Y cómo se conocieron el hombre del Sol brillante y el hombre de la nieve?
Norrman empezó a trabajar cuando solo tenía diez años. Su papá murió y él tuvo que ayudar a la familia. Trabajó toda su vida y dicen que nunca dejó de mandar a su mamá cuanto dinero podía. La pintura la practicaba en las horas de descanso.
Parece que pasó un tiempo en Estocolmo3 y que asistió a una escuela donde le dieron clases de dibujo y pintura. Luego decidió irse a Nueva York -con otro pintor amigo- a ver si ganaba más dinero para los suyos. No tuvo suerte. No había buenos trabajos en aquella ciudad de Estados Unidos. Pasó bastante tiempo de obrero en el puerto, cargando pesados bultos sobre su espalda. Y cuando podía pintar, lo hacía en el estudio de un pintor del que se hizo amigo: el peruano Patricio Gimeno. Este y otro pintor, Federico Edelman, le hablaron mucho a Norrman de José Martí y terminaron presentándoselo.
Martí parece que sintió mucho afecto por aquel joven de 27 años, muy alto, ancho de hombros, de cara buena y cabellos rubios. Seguramente porque aquel hombre trabajaba muy duro y luego pintaba. Porque era sincero, justo, valiente y cariñoso. Porque era modesto: no se creía mejor que los demás por saber pintar bien.
Norrman, porque tenía estas cualidades, comprendió enseguida a aquel José Martí de 38 años, que amaba la libertad, con el cual se podía hablar de cualquier tema, porque de todo estaba informado; tanto, que hasta conocía las obras de otros pintores suecos y sabía dar opinión de ellas. Además, Martí ayudó a Herman con toda la bondad con que ayudaba a todo el que lo necesitara.
Los que conocieron a José Martí por aquella época y llegaron a ver el retrato que le hizo Norrman, contaron que aparece en él tal como era y que en él no solo se le ven la cabeza, el pecho, los brazos, sino que también se le descubren los sentimientos.
Cuando Martí murió, peleando por Cuba, ya hacía años que Norrman había vuelto a su pueblo, donde trabajaba de carpintero por el día, pintaba en la tardecita y enseñaba a pintar por la noche.
Norrman se enteró de la muerte de Martí por un periódico, allá en su patria. Entonces dijo a un amigo: “José Martí fue amigo mío y yo le hice un retrato. Martí fue el hombre más inteligente que he encontrado.” Este es el retrato de Martí que pintó Norrman. Mide 32 cm de alto por 27 de ancho. Mira los libros, los cuadros, el tintero... mira las manos de Martí: una, con la pluma, parece que va a empezar a escribir; la otra, está cerrada, como esperando para hacer algo; en su dedo anular tiene un anillo, que es otra historia.
Ahora tapa con algo el pecho de este Martí. Fíjate en la cara. Yo le veo los ojos negros, achinados, de siempre, pero están como pícaros, o mirando con cariño. ¿Y los labios? Los labios casi tapados por el bigote... ¿no están como para empezar una sonrisa?
Tapa la cabeza y mira el pecho. Unos dicen que está al borde de una silla que no se ve. Otros, que Martí estaba de pie, apoyado a una mesa alta. ¿Qué tú crees?
Lo que sí parece es que el pintor retrató a Martí como si estuviera tomándole una foto, con su ropa de cada día y hasta algo despeinado hacia el centro de la frente. Mucho comprendió Norrman a Martí, mucho lo habrá querido y admirado, para haber logrado esto con sus pinceles y mucho más, si uno sigue mirando el retrato.
Y algo más, el pintor solo firmó su obra con sus dos iniciales en mayúscula y una n minúscula: H. N-n y no le puso fecha. Solo sabemos lo que algunos piensan y es que el retrato fue hecho en enero de 1891.
Esta firma simple, de modestia de verdad, aparece a la izquierda, junto al codo de Martí, como escondidita.

Libro editado en el 2003 por la revista Zunzún de la Casa Editora Abril