
Su familia es rica y posee esclavos que no son maltratados, pero él quiere que sean libres y, para que Cuba lo sea también, en 1868, se pone el servicio de la Patria. Tres meses después, por su táctica militar y su valentía, es nombrado mayor general y jefe del Camagüey, su tierra natal.
Desde muy joven es diestro en armas de fuego, sable y espada, y excelente jinete, por lo que sus fieles soldados, que tanto lo respetan, le llaman orgullosos El Mayor. Y al hijo que a él y a su esposa Amalia Simoni, les nace en el monte, le dicen El Mambisito.
El Mayor es un jefe que logra disciplina con su ejemplo. Enseña a leer y a escribir; organiza fábricas de balas, monturas, botas... Comparte la comida con su tropa y con su caballo Mambí. Cuando cae en Jimaguayú sus restos son quemados y sus cenizas tiradas al viento; pero está vivo entre nosotros porque, como dijera Martí, era “un diamante con alma de beso”.