Desde niña es valiente y decidida, lo cual muestra en la lucha por la independencia. Junto a su esposo se incorpora a la guerra de los Diez Años (1868-1878), pero es en la Asamblea de Guáimaro donde sobresale el valor y la inteligencia de esta excepcional mujer.
“¡Ciudadanos, aquí todo era esclavo! Habéis destruido la esclavitud del color. ¡Llegó el momento de libertar a la mujer!”, y pide la igualdad para combatir por la Patria, pues muchas ya se han ido a la manigua con su familia.
Y cuando su esposo enferma, ella lo salva, pero cae prisionera. Se fuga y marcha al exilio, para proseguir la lucha cuando este es fusilado. Trabaja como obrera o maestra, permanece fiel a sus ideales, y hasta el fin de su vida vive para la Patria. Martí dijo que Ana Betancourt era una mujer de palabra vibrante.
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