
He aquí uno de nuestros valiosos árboles. Su nombre mantiene viva la lengua aborigen. El tamaño es impresionante, puede crecer de 10 a 12 metros y ¡cuánto placer nos da sentarnos bajo el amparo de su sombra!
Crece en los bosques de tierras calcáreas de toda Cuba y no es raro verlo sobre el diente de perro.
El caguairán posee un tronco liso, robusto y una madera rojo vino, muy dura, de esas que nunca se llenan de insectos indeseables, y cuando se hacen pilotes con ella para los muelles de los puertos no se pudre.
Todo lo que se construye con caguairán, o se sostiene con él, es eterno. Muchas casas antiguas todavía conservan las vigas donde apoyan sus techos. Más de un carpintero ha visto cómo su sierra se ha roto ante la resistencia de la madera, y para seguir asombrándonos es una de las pocas que no flota en el agua.
¿Sus hojas? Pueden medir de cuatro a nueve cm, son compuestas, de un color verde brillante, pulidas y cuando se secan son negras.
¿Su fruto? Es una legumbre, sí, como el frijol, que viene dentro de una vaina, y las semillas tienen una cubierta muy dura.
Como toda buena leguminosa, sus raíces conviven con ciertas bacterias que fijan el nitrógeno del aire a la tierra. Esa es otra de sus preciadas virtudes: traer riquezas a los suelos pobres.
Guibourtia hymenaefolia
J. Leonard.
Familia:Cesalpináceas
Endémico