
Hasta hace poco, cuando pasaba un huracán, los “apagones” duraban mucho tiempo porque se destruían las torres, los postes y cables que llevan la corriente eléctrica desde las centrales termoeléctricas hasta las provincias y luego, hasta cada rincón del país. No solo permanecíamos a oscuras, también faltaban el gas, el agua, el pan y dejaba de funcionar todo lo que usara electricidad.
Gustav y Ike causaron los daños más grandes que recuerdan nuestros padres, abuelos y hasta tatarabuelos. Sin embargo, la “luz” no se demoró tanto en llegar a la mayoría de los lugares, no faltó el pan, el gas o el agua. Y esto fue posible gracias a los grupos electrógenos, que el Estado cubano instala en todo el país. Estos grupos están formados por motores o generadores eléctricos, acoplados, cada uno, a un transformador.
Al lado de panaderías, impulsoras y potabilizadoras de agua, fábricas de gas, policlínicos, servicentros…, puedes ver motores o generadores independientes a los que se les llama grupo electrógeno de emergencia. Ubicados así no se necesitan postes ni cables para que la electricidad que producen llegue a estos lugares. 
Por su parte, los grupos electrógenos se ubican, generalmente, en las subestaciones que distribuyen “la corriente” en cada pueblo. Así solo con levantar los postes y los cables caídos en los barrios o poblados, podemos disfrutar nuevamente de la “luz”. Luego, los linieros trabajan en volver a levantar las torres que la traen desde las termoeléctricas.
Los grupos electrógenos son muy útiles también en tiempos de calma, ellos han contribuido a acabar con los “apagones”. Cuando las grandes industrias productoras no generan la suficiente electricidad para satisfacer la demanda ellos echan a andar, se hace la luz y, chaoo, apagón. 
Anteriormente,al caerse las torres había que esperar a levantarlas para tener electricidad. Con los grupos electrógenos solo es necesario que los postes estén en pie.